evaluación de proyectos

Evaluación de proyectos en empresas de salud: Introducción

Las personas tienen proyectos, las empresas también. Hasta cierto punto, una empresa está viva si tiene proyectos en carpeta, que reflejen sus expectativas de crecimiento, de desarrollo, de una mayor eficiencia. Pero ¿qué hace que un proyecto sea bueno? ¿Cómo se decide si un proyecto “vale la pena”? ¿Cómo se lleva a cabo la evaluación de proyectos?

Partamos por lo básico

En otros artículos trataremos los detalles de la evaluación de proyectos en empresas de salud, es decir, como se aplican las técnicas generales de evaluación de proyectos a este caso particular. Pero debemos comenzar por establecer algunas definiciones, para el contexto de este artículo:

  • Un proyecto es un conjunto de acciones que busca una mejora en los flujos de la compañía. Los flujos son la resta de los ingresos menos los gastos que constituyen efectivo. Es decir, el flujo de efectivo, que no es lo mismo que la utilidad financiera o tributaria. La principal diferencia entre el resultado de la empresa y su flujo es la depreciación de los activos. ¿Por qué es importante el flujo? Primero, porque es una buena aproximación al dinero que gana la empresa si reinvierte la depreciación completa, para provisionar el desgaste de su equipamiento e instalaciones. Segundo, porque muchos métodos de valorización de empresas se basan en los flujos esperados. Es decir, un proyecto debe producir un cambio en los flujos en sentido positivo: ya sea aumentando los ingresos o reduciendo los gastos. Si este balance entre lo que invertimos y lo que obtenemos es positivo, estaremos aumentando el valor de la empresa, y aumentando los retornos de los dueños. Esto es lo que investigamos en una evaluación de proyectos.
  • De lo anterior, se siguen algunas conclusiones importantes, que no debemos pasar por alto: Un proyecto no siempre es una compra de un bien. Puede ser un cambio en la forma de hacer las cosas, en la incorporación o mejor uso de una tecnología, en una mejora en los canales de venta, etc. Un proyecto no siempre tiene por objetivo vender más, en ocasiones se produce este cambio de flujos porque seremos capaces de vender lo mismo gastando menos.
  • Y aunque se trate de comprar, por ejemplo, equipamiento, normalmente no basta con la compra para que el proyecto sea exitoso. Comprar sillones dentales, o un resonador magnético, por sí solos, no necesariamente producen el aumento de ventas que esperamos.
  • Por lo mismo, la evaluación debe ser rigurosa, y traducir las expectativas a números bien respaldados. Un error común es emprender iniciativas sin una evaluación de proyectos seria y metódica, o sin fundamentar los supuestos sólidamente. No basta con una impresión, o una corazonada.
  • Un proyecto requiere una inversión. Es decir, dedicar recursos a su ejecución. Si una mejora en la venta o en los gastos puede conseguirse sin invertir recursos, la evaluación puede no ser necesaria: debe simplemente ejecutarse. Pero, atención: rara vez un proyecto puede llevarse a cabo sin comprometer recursos.
  • Un proyecto es, además, una serie de actividades claramente delimitadas en tiempo, recursos y esfuerzos, coordinados de forma tal que produzcan un resultado bien definido. Y la factibilidad de esas actividades debe ser evaluada previamente. ¿El plan regulador nos permite hacer esa ampliación? ¿Podremos generar esa actividad adicional que necesita el proyecto? ¿Contamos con los recursos humanos y las competencias para operar el nuevo equipamiento o el nuevo sistema?

Evaluación de proyectos: Por donde partir

Antes de escribir ningún número, es necesario responder algunas preguntas básicas. ¿Este proyecto aumentará nuestras ventas? ¿Reducirá nuestros costos? ¿Qué recursos (tiempo, dinero) necesita este proyecto?

Si hemos respondido estas preguntas, entonces pasamos a las siguientes:

¿Cómo aumentarán nuestras ventas, y en qué magnitud? ¿Qué fundamentos tenemos para esta estimación? Lo mismo ocurre si el objetivo de nuestro proyecto es ahorrar costos, lo que muchas veces son llamados “proyectos de eficiencia”.

No tiene sentido iniciar un proyecto si no hemos respondido estas preguntas básicas, aunque sea a nivel preliminar. Luego podemos buscar información externa, o interna de la empresa, hacer estudios de mercado, conversar con posibles clientes, proveedores o socios. Pero toda evaluación de proyectos comienza por tener claridad del cambio que el proyecto debe producir en el negocio, en términos de flujos.

Es frecuente, en el mundo de la salud, ver muchos “proyectos” que abundan en la descripción de tecnologías, de la capacidad de diagnosticar o tratar problemas de salud con técnicas innovadoras, que producen mejores resultados en los pacientes, o que “nos ponen a la vanguardia” en un determinado tema. Todo esto es muy útil, pero si es sólo eso lo que tenemos, aún no tenemos un proyecto.

En resumen: por qué cada proyecto debe ser “evaluado”

La verdad es que los proyectos necesitan una motivación, pero finalmente se evalúan con números. La ciencia de evaluación de proyectos no es una ciencia oculta, de altísima complejidad, pero requiere la participación de especialistas, y sobre todo, de altos estándares de rigurosidad. El premio por tomarse esta molestia antes de comenzar, es objetivar si nuestro proyecto realmente es merecedor de los recursos que consumirá.

En siguientes artículos veremos con mayor detalle como podemos traducir diferentes tipos de proyectos en empresas de salud, en una evaluación útil.

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